Hay veces que la soledad vive en una taza de café, hay veces que siento que no tengo vida, me siento muerto, pero sigo viviendo. Cuando el mundo entero parece odiarme, y como consecuencia, parezco odiar al mundo entero, (cuando me odio a mi mismo, por no ser como los demás), verlo congelado en silencio en lo profundo de la eterna soledad. Quedarme solo en el mundo, como siento que estoy, como la locura de la soledad me invade a cada tanto, hace de cada día, una constante agonía, el amor, la alegría y todo por lo que vale la pena sobrevivir, se ve tan lejano, como una estrella fugaz distante en la agonía del silencio.
El el silencio de mis pensamiento hay mucho ruido.
La distancia se hace cada día más larga y nunca podré llegar, solo me invade el ruido, el escándalo del silencio. -¡Es normal!- me digo, pero sé que nada de eso es cierto. -¡No te preocupes que el amor es para todos!- Es como el agua y el oxígeno, pero no bebo, tampoco respiro, muerto por años, lo peor es que nunca acaba: Los días iguales, sin sentido, la vida que se me resbala por las manos, las miradas acosantes, el silencio que me grita, las madrugadas despierto, peleo conmigo. Pero hay que seguir viviendo. Espero en completo silencio, adentro...
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